Llega el mes de noviembre. Te asomas a la ventana y ves que está cayendo aguanieve. Las temperaturas se desploman por debajo de los cero grados, miras tu chaqueta de entretiempo y decides que se acabó la temporada. O quizás te han mandado a trabajar fuera tres meses, o te has roto un hueso haciendo el tonto jugando al pádel.
Sea cual sea el motivo, tu pequeña 125cc se va a quedar aparcada en la oscuridad del garaje comunitario durante los próximos meses.
El 90% de los moteros novatos cometen aquí un error de bulto que les va a costar un riñón. Llegan, le ponen la pata de cabra a la moto, le tiran una sábana vieja por encima para que no coja polvo, apagan la luz y se olvidan de ella hasta que vuelven a cantar los pajaritos en primavera.
Cuando vuelven en abril, llenos de ilusión, meten la llave y… sorpresa. La moto no hace ni el amago de arrancar. El motor huele a demonios, la rueda delantera va pegando saltos y el depósito de gasolina tiene óxido por dentro. Acaban de descubrir por las malas que las motos sufren muchísimo más estando paradas que haciendo 10.000 kilómetros a fondo por la autovía.
Una moto es un organismo mecánico diseñado para estar en constante movimiento. Sus fluidos necesitan presión, sus gomas necesitan calor y su batería necesita alimentarse. Si la vas a dejar en coma inducido, tienes que hacerle un “invernaje” en condiciones. Sigue estos 5 pasos de mecánico perro viejo y tu moto arrancará a la primera como si la hubieras usado ayer.
1. El veneno silencioso: La gasolina podrida y el óxido
Esto es lo que más gente desconoce y lo que causa las facturas de taller más salvajes. La gasolina que echamos hoy en día en las estaciones de servicio (las famosas E5 y E10) contiene un porcentaje de Etanol.
El Etanol es un alcohol, y los alcoholes son higroscópicos. ¿Qué narices significa eso? Que absorben la humedad del aire como si fueran esponjas. Si dejas la moto parada con medio depósito de gasolina durante tres meses, esa gasolina absorberá el agua del ambiente. Con el tiempo, la gasolina “se pudre”, se separa en capas y se convierte en una especie de barniz pegajoso de color marrón que huele fatal.
Cuando intentes arrancar, esa pasta asquerosa tupirá por completo la bomba de inyección y los inyectores. Avería de 300 euros garantizada. Y para rematar, el aire de ese medio depósito vacío creará condensación, oxidando la chapa del depósito desde dentro hacia afuera.
- La solución de los pros: Tienes dos opciones. O vacías el depósito por completo y lo dejas seco (es un engorro monumental), o haces lo inteligente: vete a la gasolinera, llena el depósito hasta arriba del todo (para que no quede aire que pueda oxidar el metal) y, justo antes de aparcarla, échale un chorrito de “Estabilizador de Gasolina”. Es un líquido que cuesta 10 pavos el bote, se mezcla con la gasolina y congela sus propiedades químicas para que no se degrade hasta en 12 meses. Arranca la moto 5 minutos para que esa mezcla llegue a los inyectores, y apágala.
2. La muerte eléctrica: Desconecta a la bestia
Tu 125cc tiene un montón de vampiros eléctricos ocultos. El inmovilizador de la llave (la lucecita roja que parpadea), el reloj del cuadro de instrumentos o la alarma. Estos sistemas tienen un consumo fantasma en miliamperios que están chupando energía 24 horas al día.
Una batería de moto es enana. En tres o cuatro semanas de inactividad, estos vampiros la habrán vaciado por debajo de los 10 voltios. Si una batería de plomo se descarga por debajo de ese límite y se queda así semanas, se sulfata por dentro. Se muere. Da igual que la intentes cargar después, no retendrá la energía. Te tocará comprar otra.
- La técnica cutre: Si no quieres gastar dinero, abre el asiento, coge un destornillador de estrella y desconecta el cable negro (el polo negativo) de la batería. Déjalo encintado para que no toque metal. La batería se descargará por sí sola, pero mucho más despacio, aguantando un par de meses viva.
- La inversión inteligente: Píllate un Mantenedor de Batería Inteligente. Ojo, no un cargador bruto de coche, un mantenedor. Cuesta unos 30 euros. Trae un cablecito con un enchufe rápido que dejas puesto en la moto. Lo enchufas a la pared del garaje y el aparato se encarga de darle micro-cargas a la batería simulando que la moto está en marcha. Te puedes olvidar de ella un año entero y la batería estará al 100%.
3. El síndrome de las ruedas cuadradas (Deformación)
Acuérdate de lo que te dije de los pesos. Tu moto pesa 130 kilos. Si la dejas apoyada sobre la pata de cabra durante tres meses en el mismo sitio, todo ese peso va a estar aplastando el mismo centímetro cuadrado de la goma de los dos neumáticos sin moverse.
La goma tiene “memoria”. Si la dejas aplastada mucho tiempo con el frío, se quedará plana por esa zona. Se llama Flat Spotting o rueda cuadrada. Cuando vuelvas a coger la moto en primavera, notarás un “pom-pom-pom” en el manillar a cada vuelta de rueda. Conducir así es un peligro mortal y te tocará cambiar unos neumáticos que tenían el dibujo nuevo.
- La maniobra de evasión: Lo ideal es subir la moto al caballete central (para liberar la rueda trasera) y poner un taco de madera debajo del motor para que la delantera también quede en el aire. Si tu moto no tiene caballete central y no tienes caballetes de taller, vete a la gasolinera antes de pararla y sobre-infla las ruedas a 3.0 bares (ponlas duras como piedras para que no se aplasten tanto). Además, baja al garaje una vez cada dos semanas y empuja la moto medio metro hacia adelante para que el peso recaiga sobre un punto diferente del neumático.
4. El aceite viejo es ácido puro
Mucha gente dice: “Le toca la revisión de los 5.000 km justo ahora, pero como la voy a parar todo el invierno, ya se la haré cuando la vuelva a coger en primavera y así estreno aceite”.
Error de manual. El aceite viejo de tu cárter está lleno de carbonilla, restos de combustión y subproductos químicos que son altamente ácidos. Si dejas ese aceite corrosivo estancado durante meses bañando las tripas de aluminio y las juntas de tu motor, va a empezar a picar los metales lentamente.
La regla de oro del mecánico es: la moto siempre se guarda para hibernar con el aceite y el filtro recién cambiados. El aceite nuevo es alcalino y protege los metales como una capa de miel mientras la moto duerme.
5. La funda asesina (No uses plástico del chino)
Por último, quieres que no se llene de la mierda del garaje, así que le pones un plástico enorme por encima que te ha costado dos euros en el bazar de la esquina.
Acabas de meter tu moto en un invernadero. Los garajes subterráneos tienen cambios de temperatura. El suelo se enfría, el aire se calienta, y la humedad de la tierra sube. Si la funda es de plástico impermeable sin ventilación, la humedad se quedará atrapada por dentro. A los dos meses tendrás óxido en los discos de freno, en la cadena, en los tornillos de los retrovisores e incluso moho en el asiento.
Compra una buena funda de moto transpirable (que deje escapar el vapor de agua) y asegúrate de limpiar y engrasar la cadena a lo bestia antes de taparla. Ponle una capa protectora de spray de silicona a las partes metálicas expuestas (¡nunca a los frenos ni a las ruedas!) y dale las buenas noches. Te prometo que en primavera te lo agradecerá arrancando al toque del botón.


